-Yo creo que deberías plantarle cara al asunto y decidir si de verdad es eso lo que quieres. Sitúate frente a él y le dejas las cosas claras, dile todo lo que te duele, lo que te agobia, lo que te hacen incapaz de seguir así. Y oye chica, que si no puede ser pues nada, no sólo existe él, hay muchos más chicos en el mundo. Te vas con la cabeza bien alta y sin soltar ni una lágrima. ¿Serás capaz?
-Yo, yo... ¡No, lo siento, no puedo hacer eso! Es sólo pensar en ello y... No, soy incapaz.- Concluyó al fin con los ojos acuosos.

-Bien, eso era justo lo que deseaba oír. ¿Sabes? Eso significa que aún existe el amor entre
vosotros dos, sé valiente, ve hacia él, dile lo que sientes y no lo dejes escapar por una tontería
como esta. Corre. ¡Corre, que el tiempo es oro!
-Gracias, no sé qué haría sin ti.
Y tras recibir su apresurado beso de agradecimiento, se quedó mirando cómo su amor se alejaba por aquella calle sin fin, cómo ella corría para reconciliarse con su novio, cómo su soledad se
clavaba en él mientras observaba aquellas gráciles zancadas... ¡Cuánto deseaba ser tan valiente como él mismo aconsejaba a los demás!
-No, verdaderamente no era eso lo que deseaba oír... - Murmuró mientras la dulce silueta desaparecía en la lejanía.