lunes, 11 de octubre de 2010

Gracias.

Dicen que la primera fase para superar un problema es asimilarlo. Sinceramente, yo me siento bastante egoísta. Pienso que a veces me he preocupado sólo en mí y no he sabido ayudar a los demás porque estaba cegada con mis propios problemas.
Ahora me doy cuenta de que mis problemas no son mayores que los de las personas a las que más quiero y me siento mal por ello. He olvidado y, por ello, despreciado aquellos a los que de verdad les importo y, claro está, los que verdaderamente me importan a mí. Mi primera reacción ante ésto es pedir perdón pero, conociéndoos, sé que me diréis que no tengo por qué disculparme.
Bien, no pediré perdón, pero hay otra cosa que sí que debo hacer. Tengo que daros las gracias.
Gracias, por estar ahí; gracias, por apoyarme; gracias, por aguantarme; gracias, por escucharme;
gracias, por no tenerme en cuenta mis idas y venidas; gracias, por ser como sois.Simplemente: GRACIAS POR EXISTIR.
Ellos saben quienes son y no hace falta ni que lean esto (es más, sé que algunos no lo harán). Pero no cabe ninguna duda de que son tremendamente especiales para mí. Aunque, ahora que lo pienso, no está de más decírselo de vez en cuando. Muchas veces, creyéndolo redundante, no se
lo recuerdo, ¡es tan obvio! Pues no, no está de más. Os lo debería de decir todos los días en cada ocasión que tenga, os lo debo demostrar a cada instante que se presente la oportunidad. Y, sobre todo, se lo debo recordar a mi familia. Siento ser tan distante en ocasiones, pero os aseguro que no hay nada que me importe más que vosotros. Os quiero.

sábado, 2 de octubre de 2010

¿Quién dijo que las montañas rusas fueran divertidas?

Una montaña rusa. La viva imagen de la locura, la "valentía" y la diversión. Casi todo el que monta en una comienza con esa típica risilla nerviosa y sale de allí sonriendo de oreja a oreja y conversando sobre las sensaciones vividas. Sí, el sólo recuerdo de alguna de las ocasiones en las que he montado en una de ellas me hace sonreír. Esas subidas lentas e interminables, en la que deseas que llegue el momento de bajar, ¡y cuanto antes mejor! ¿Para qué? Para volver a subir. Y no quieres que eso termine nunca.
Sin embargo, hoy me doy cuenta de que lo bueno no es bajar a gran velocidad, sino subir. Subir, subir y subir. Subir mucho. Poquito a poco. Mi
montaña rusa no hace más que dar carambolas últimamente. ¡Y pensar que una bajada también se puede hacer interminable! La diversión de la caída se convierte en tristeza, y las subidas son ilusiones; grandísimas ilusiones.
Lo único que espero, es que todo se estabilice un poco. Quiero que mi montaña rusa tenga una etapa tranquilita con una pequeña pendiente hacia arriba que simbolice esos pequeños detalles que son, los que al fin y al cabo, me hacen un poco más feliz cada día. Cuando yo diseñe una montaña rusa, estad tranquilos, no terminará con la típica bajada infernal. Finalizará con un rápido e inesperado ascenso.