sábado, 2 de octubre de 2010

¿Quién dijo que las montañas rusas fueran divertidas?

Una montaña rusa. La viva imagen de la locura, la "valentía" y la diversión. Casi todo el que monta en una comienza con esa típica risilla nerviosa y sale de allí sonriendo de oreja a oreja y conversando sobre las sensaciones vividas. Sí, el sólo recuerdo de alguna de las ocasiones en las que he montado en una de ellas me hace sonreír. Esas subidas lentas e interminables, en la que deseas que llegue el momento de bajar, ¡y cuanto antes mejor! ¿Para qué? Para volver a subir. Y no quieres que eso termine nunca.
Sin embargo, hoy me doy cuenta de que lo bueno no es bajar a gran velocidad, sino subir. Subir, subir y subir. Subir mucho. Poquito a poco. Mi
montaña rusa no hace más que dar carambolas últimamente. ¡Y pensar que una bajada también se puede hacer interminable! La diversión de la caída se convierte en tristeza, y las subidas son ilusiones; grandísimas ilusiones.
Lo único que espero, es que todo se estabilice un poco. Quiero que mi montaña rusa tenga una etapa tranquilita con una pequeña pendiente hacia arriba que simbolice esos pequeños detalles que son, los que al fin y al cabo, me hacen un poco más feliz cada día. Cuando yo diseñe una montaña rusa, estad tranquilos, no terminará con la típica bajada infernal. Finalizará con un rápido e inesperado ascenso.

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