Dos meses. Dos. Y parece que fue ayer cuándo nos abrazábamos por la calle. No, espera, que ayer ocurrió eso, pero nada más.
Hay gente que se pregunta el por qué de mi tristeza, por qué no puedo ser feliz, por qué le doy tantas vueltas a lo mismo si, al fin al cabo, nada ha cambiado demasiado, ¿no?
Sí ha cambiado; y mucho. No es lo mismo. No, no lo es. Hay una gran diferencia entre estar enamorada a solas o estarlo junto a una persona que te corresponde...
No sabes lo que daría por comprenderte. No imaginas el esfuerzo que hago diariamente. Leer y releer nuestras propias conversaciones en busca de una respuesta. Recordar cada frase que alguna vez dijiste sin poder evitar que otro de nuestros recuerdos invada mi mente. Lágrimas, mi almohada está salada. Y lo que más me duele de todo es que a pesar de intentarlo, sigo sin comprenderte.
"Te he querido y te sigo queriendo, pero por mi forma de ser es imposible que estemos juntos". Éste es el tipo de cosas a las que no paro de darle vueltas y, sintiéndolo mucho, cariño, sólo puedo concluir que o estás mintiendo o eres un poco cobarde. Si no me quieres, dímelo directamente; si lo haces, te achanta muchísimo el miedo a la posibilidad de que la cosa no salga bien. Y respecto a la última parte de la frase sólo diré que me gustas tú, te quiero tal y como eres y, posiblemente, si tuvieses otra forma de ser, nunca habríamos llegado a tener nada.
Sé que una triste entrada en el blog no va a cambiar las cosas. Sé, incluso, que puedes tardar siglos en leerla. Sé que posiblemente no la leas nunca. Pero también sé que te sigo queriendo igual que hace dos meses y que ayer, mientras me abrazabas, por unos segundos, volví a ser feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario