miércoles, 28 de julio de 2010

Un lugar... diferente. (2)

Tras varios días de viaje, Ana había logrado lo que deseaba. Había conseguido encontrar un sitio donde la luz del Sol no era naranja, sino gris; donde el rumor del agua no procedía de los riachuelos que bajaban por la montaña, sino del las numerosas fuentes que adornaban las transitadas calles; y donde el aire le hacía sentir diferente, era una leve sensación apagada pero, al fin y al cabo, nueva.
Sí, había logrado dejar atrás todo aquello de dónde provenía, había logrado deshacerse de su
anterior vida. Sólo faltaba comenzar una nueva. Sí, ése sería el lugar. Nada de solitarios pueblos e
n las puras sierras, nada de naturaleza salvaje. Ahora todo era grande, inmenso, tanto que se sentía pequeña, muy pequeña. Más diminuta de lo que ya se sentía anteriormente...

viernes, 23 de julio de 2010

Tú y sólo tú.

No sé lo que pretendo con mi actitud, es más, no sé por qué actúo así. Muchas veces sólo consigo sufrir más. Oh, el orgullo es de lo peor que hay es este mundo y si encima lo combinas con la tozudez la cosa puede salir muy mal. Pero si lo que quiero es que todo vaya bien, ¿por qué estoy arriesgándome a que las cosas vayan peor de lo que ya van? ¿Por qué me estoy arriesgando a perderte del todo?
Quizás sea porque aún espero dos palabras procedentes de ti, esas dos que anteriormente repetías sin cesar, esas dos que yo nunca me cansaría de repetirte y ahora me están vetadas.
No sé por qué no he perdido las esperanzas de que llegue ese momento, no sé por qué sabiendo que eres lo más importante para mí ahora lo estoy estropeando todo, no sé por qué estoy complicando las cosas, no sé por qué me siento tan insignificante en este mundo, pero lo que de verdad no comprendo es por qué cada día te sigo queriendo más y más.
Estoy perdiendo completamente a la persona que mejor me conoce y más quiero y yo no hago nada por remediarlo y todo eso es porque aún no he aceptado que las cosas han cambiado. Todo ha ido muy rápido y recuerdo cuándo hace apenas tres semanas de dijiste que no me querías dejar y lo dijiste muy en serio.
Supongo que todo es imprevisible y puede cambiar en cualquier momento. Será que no siempre la vida es justa pero, ¿ qué es lo justo? Como tú dirías...
Pero no sólo me siento sola en estos momentos, lo peor es que ESTOY sola, y cada día que pasa, te echo más de menos.
Al fin y al cabo, todo lo hago por egoísmo, porque mi único deseo sigues siendo tú y sólo tú.

lunes, 19 de julio de 2010

¿Nueva vida? (1)

Cuando las cosas han salido mal es mejor hacer borrón y cuenta nueva. Eso dicen, ¿no? Eso había oído en muchas ocasiones y eso había decidido hacer.
Hacía dos semanas que Ana había decidido comenzar con su nueva vida y, sin embargo, no había conseguido ni tan siquiera terminar con la anterior. Debería deshacerse de sus recuerdos, todos ellos, por muy doloroso que resultase; pero más doloroso sería seguir recordando a cada instante su anterior situación.
-Me voy del pueblo.- Se había decidido a decirle al fin el día anterior a su hermana.
-No, no puedes irte. -Contestó ella decidida.-¿Qué vas a hacer fuera de aquí? Este es tu hogar, nunca has salido de aquí.
-Alguna vez debería ser la primera, y creo que ésta es la ocasión.
-Pero, ¿dónde irás?
-A un lugar en el que la luz del Sol sea de otro color, el rumor del agua suene diferente y en el que el aire me haga sentir lo que nunca he sentido. Tranquila-dijo ante la expresión frustrada de su hermana- tendréis noticias mías pero, debes prometerme algo...
-Ana, yo no quiero que te marches, yo...
-Lidia, prométeme que nunca le contarás a papá la verdadera razón de mi marcha. Nunca.-
Recalcó ante la indecisión que mostraba el rostro de su hermana- Por favor...
-Sólo si tú me haces llegar noticias tuyas al menos una vez al mes. Es mi última palabra.- atajó
cuando Ana se disponía a protestar.

Acto seguido, se abrazaron y Lidia contempló a Ana, su hermana y confidente, alejarse alumbrada por la luz de la luna llena en una noche clara, despejada, como las que suele haber en aquellos parajes.

martes, 13 de julio de 2010

La Chica Piruleta está de vacaciones.

Chicos, siento deciros que no es posible en estos momentos encontrar la ayuda, el apoyo o la sonrisa que os falta para seguir adelante en la Chica Piruleta. Ella ahora mismo está descansando de tanto sonreír y hacer feliz a la gente ya que ha perdido su piruleta. Si alguien la encuentra avisad, por favor. Pensad que ninguna persona quiere dejar de sonreír ni tan siquiera necesitando un descanso para dedicarse a ella misma. La Chica Piruleta espera poder volver a ayudaros pronto, pero ahora mismo no puede ni con sus propios problemas. Siento mucho las molestias.

La Chica Piruleta.

sábado, 10 de julio de 2010

Mi almohada está salada

Al final todo se fue a la mierda, y con todo ello yo. No hay nada que no me recuerde a ti y esos momentos que pasamos juntos. Encima siento que todavía mi amor hacia ti crece cada día. Yo ya no puedo soportar más. Te necesito.

martes, 6 de julio de 2010

Cuando a un coleccionista de sellos se le cae una taza de café encima de uno de sus preciados álbumes siente que el trabajo de años no ha servido para nada y, posiblemente, no vuelva a tomar café. Cuando una persona consigue orgullosa finalizar una complicada maqueta y ve cómo el vecino llega y, con un torpe manotazo, la destruye, esa persona se hunde y, posiblemente, se mude. Cuando un escritor finaliza la que él cree que es su mejor obra y resulta criticada por todos los medios, ese escritor se deprime y, posiblemente, se jubile.
Sí, esos son solo ejemplos de personas de las cuales, su felicidad no depende de ellas mismas, sino de otras cosas. Y podéis pensar, a ver, son objetos, tampoco es para tanto. Ya, pero no es precisamente ahí dónde quería llegar: me refiero a que, a veces, la felicidad propia no depende de uno mismo. ¿Y qué pasa cuando la felicidad de una persona no depende de algo sino de otro alguien?
Ése es mi punto de partida. Si alguien depende de algo, ese algo no es más que un objeto, un acontecimiento o un hecho con cierto valor personal. Si se depende de otra persona las cosas cambian, no es tan fácil dejarlo pasar. Cuando ves que esa persona está mal y no sabes lo que le pasa entras en un estado de confusión. Cuando ves que esa persona va a peor y ni ella misma sabe lo que le pasa empiezas a sentir dolor. Cuando ves que esa persona ha dejado de sonreír y se muestra en un estado de pesimismo total hacia un futuro, comienzas a sufrir. Cuando intentas ayudarle por todos los medios y ves que no obtienes resultados entras en un estado de impotencia total. Simplemente, cuando ves que se hunde te hundes con él por el simple hecho de que no mejora y no puedes hacer nada por evitarlo.
Si tu felicidad depende de la felicidad de otra persona, no puedes cambiar eso tan fácilmente. No puedes decir: "¡Ea, como está triste voy a buscarme otra cosa que me haga feliz!". En tal caso, serías un hipócrita y no querrías a esa persona de verdad. Porque tampoco es tan fácil depender de la felicidad de una persona, para eso hay que quererla, quererla mucho y en el más difícil de los casos, amarla.
Amar a alguien y ser correspondido es lo más bonito y gratificante que puede pasarte en la vida. Pero si uno está mal, el otro también, no hay manera de evitarlo. Y aunque el otro intente ser fuerte y dar ánimos y aportar el optimismo necesario en la pareja, si el primero no reacciona, el segundo se hunde con él. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Un círculo vicioso en el que si los dos no ponen de su parte, se es incapaz de salir del hoyo.
Aunque si algo sé es una cosa. Y es que no pienso dejar que nuestra torre se derrumbe, y aunque parezca que no puedo hacer nada por evitarlo, sacaré fuerzas de donde sea. Esto lo vamos a pasar, lo prometo. Te lo prometo.